gúlliver. un riu de xiquets

valencia_1991
idea original_rafael rivera
proyecto_rafael rivera, mateo signes y manolo martín
ilustraciones_sento llobell
arquitecto técnico_josé ramón roca
ingeniería_antonio carratalá
señalética_mariscal 
promotor_generalitat valenciana, institut turístic valencià

constructor_cleop, cubiertas y taller manolo martín


obra expuesta en el círculo de bellas artes de madrid; hipótesis urbana. investigación sobre diseño contemporáneo. 29.01.2009 - 05.04.2009



Un Gúlliver en la ciudad.

La construcción de una figura humana, enorme, que recoja diversos juegos en ella misma y que los niños reconozcan porque están acostumbrados a verla precisamente a una escala grande, es el objetivo de este proyecto dirigido no solo a los más pequeños sino a cualquiera que se acerque y se atreva a mezclarse con las ropas, los toboganes, los escondites.
Los viajes de Gúlliver, de Jonathan Switt, ha inspirado este proyecto cuyo objetivo es divertir enseñando o enseñar jugando. El juego de la escala no hace otra cosa que explicar lo relativo de la percepción de las cosas que se agrandan o se empequeñecen según las relaciones, la proximidad, el punto de vista. Incluso enseña que no vale la pena generar enfrentamientos eternos por cuestiones que, con el paso del tiempo, se vuelven insignificantes, como la manera de partir un huevo que enfrentó en el relato a Líliput y Blefuscu durante siglos.

El proyecto consiste en la construcción de una figura tumbada, que representa a Gúlliver, diseñada para que pueda acceder a ella el público, especialmente el infantil, recorrerla, jugar por su superficie, esconderse, deslizarse por los toboganes de sus ropas o sus cabellos y hacer de esa figura un paisaje de juego infinito como lo es la imaginación de los niños y niñas.
A la figura se incorporan todos aquellos elementos adicionales que completan la escenografía de la propuesta; cuerdas, el sombrero, la espada, un zapato, son piezas que añaden posibilidad de juegos y credibilidad a la imagen propuesta. Todo ello, en Valencia, está dentro de un parque  con la vegetación adecuada que completa un paisaje integrado y comprensible.
Dadas las dimensiones de la figura, aproximadamente 80 metros de largo, esta permite albergar un pequeño edificio en su interior que contiene la maqueta de un trozo de la ciudad, con edificios representativos, para continuar con el juego de la escala y hacer que los niños, que se creían pequeños en el exterior junto al gigante, ahora se sientan enormes al pasear entre edificios pequeños.
La figura está incluida en un círculo de grava, que delimita el ámbito de la actuación y da coherencia a la propuesta.

Pero no es sólo la experiencia activa del juego, de la participación en la actividad, también es el poder de la imagen, del paisaje humano reconocible. Un paisaje sin instrucciones de uso pero que todos, sin excepciones, saben cuales son sus misterios, sus posibilidades, sus propuestas.
Son actividades primarias todas ellas, caminar, correr, deslizarse o esconderse en algo que nos parece cotidiano aunque es extraordinario encontrar una figura de estas dimensiones en un parque.

El sistema de construcción se basa en cimbras de madera, que se utilizan como encofrado perdido, configurando las diferentes piezas que componen la figura.
Los materiales utilizados son el hormigón proyectado recubierto de fibra de vidrio y poliéster con el color incorporado, todo ello modelado con las prescripciones que definían el proyecto redactado.
Este proyecto tuvo los controles necesarios destacando el Instituto del Juguete de Ibi y el informe de la resistencia al fuego del laboratorio del Parque de Bomberos de Barcelona.

La incorporación de la figura humana a un paisaje lúdico ha supuesto plantear la escala como un nuevo juego y producir un espacio específico para los niños, reconocido como tal, y en el que ellos son al mismo tiempo los actores y el escenario.
La figura sólo adquiere su verdadero valor como imagen, cuando los niños están jugando sobre ella.


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